Dispatches...


Stories from the CFL at the top of the world...

Marcela Ewert... Her feeling of the Arctic and a Spanish Translation of an earlier dispatch

Hello, my name is Marcela Ewert and with Colleen Kellogg and Eric Collins I belong to the group of students of Dr. Jody Deming who specialize in the microbiology of the Arctic Ocean at the School of Oceanography in the University of Washington (Seattle, USA). I am interested in the mechanisms that microbes have to survive inside the sea ice; in particular I am interested in a kind of sugary gum that microorganisms produce to surround themselves, one that acts as a soft shelter to protect them against the harsh conditions that they experience during the Arctic winter.

Before coming on this trip, the Arctic Ocean was an unknown world in my mind. This is the first time that I come on board an icebreaker, which is an unique experience, especially for me: someone who was born in Colombia, barely 4 degrees North of the Equator. How different is our planet when we cross the 66.33 °N of latitude of the Polar Arctic Circle? How different is a frozen ocean? How do you study it? Why is it so important for the planet? How does the global climate change affect it? During the months prior to my trip, I followed closely the dispatches written by scientists on board, looking again and again at the pictures, trying to imagine the experience that was waiting for me.

The CFL expedition is an international expedition with participants from countries as remote as Canada, Russia, India, France, China, United States... and as a result English is used as the official language to communicate the science. As I learned more and more about the expedition, I decided to share with other Spanish speaking people what would it be like to be on board the CCGS Amundsen studying the microorganisms that live inside sea ice. To begin, I translated to Spanish the dispatch written by one of my labmates Eric Collins, who was here during the months of November and December. You will hear more from me later, writing about my own experiences of the expedition. Stay tuned!

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Hola,
Mi nombre es Marcela Ewert y al igual que Colleen Kellogg y Eric Collins formo parte del grupo de estudiantes de la Dra. Jody Deming que nos especializamos en la microbiología del Océano Ártico en la Escuela de Oceanografía de la Universidad de Washington (Seattle, USA). A mi me interesa aprender sobre los mecanismos que tienen los microorganismos para sobrevivir al interior del hielo marino, en especial, su capacidad de producir un tipo de goma azucarada que los rodea con ella y que al parecer les proporciona un escudo acolchado que podría ayudar a sobrellevar las duras condiciones del invierno.

Antes de venir a este viaje, el Océano Ártico se dibujaba en mi mente como un mundo desconocido. A diferencia de mis compañeros, ésta es la primera vez que vengo al Océano Ártico a bordo de un rompehielos; una experiencia única, especialmente para mi, una persona nacida en Colombia a escasos 4 grados de latitud Norte. Qué tan diferente es el mundo cuando se cruzan los 66.33 °N del Círculo Polar Ártico? Cómo es un océano congelado? Cómo se estudia? Por qué es tan importante para el planeta? Cómo afecta el cambio climático global al Océano Ártico? Durante los meses previos a mi viaje estuve siguiendo paso a paso la bitácora del barco escrita por los científicos a bordo, mirando una y otra vez las fotos que se publicaban, tratando de imaginar la experiencia que me esperaba.

La expedición CFL (por las siglas en inglés para
Circumpolar Flaw Lead) es una expedición internacional, con participantes de países tan distintos como Canadá, Rusia, India, Francia, China, Estados Unidos... y como resultado de la multitud de lenguajes, se utiliza el inglés como lengua oficial para comunicar los asuntos científicos. Así, a medida que aprendía más sobre la expedición, tuve el deseo de compartir con otras personas de lengua hispana lo que sería estar a bordo del rompehielos CCGS Amundsen estudiando los microorganismos que viven al interior del hielo marino. Por esta razón, decidí traducir al Español la bitácora que Eric Collins, mi compañero de laboratorio, escribió durante su estadía en el rompehielos en los meses de Noviembre y Diciembre. Más adelante les estaré escribiendo sobre mis propias experiencias en la expedición.
Estén pendientes!

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Hola! Mi nombre es Eric Collins, soy estudiante de doctorado de la Universidad de Washington en Seattle, Washington, USA, y trabajo con la Dra. Jody Deming estudiando la microbiología del hielo marino del Ártico. Este es mi segundo viaje al Ártico Canadiense a bordo del CCGS Amundsen. Mi primer viaje también fue en invierno – qué suerte la que tengo!?


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[ Hielo nuevo formándose sobre el mar abierto al atardecer]


Cerca del 70% del planeta Tierra está cubierto por agua marina; y como el hielo marino viene del agua marina, vamos a empezar por ahí. Si tomas una cucharada de agua marina de cualquier parte del océano y la miras al microscopio vas a encontrar cerca de un millón de bacterias -incluso en el Ártico, donde la temperatura del agua justo ahora está cerca de los -2°C. Si miras aún más cerca, vas a encontrar en esa misma agua cerca de 10 millones de virus. Pero esto no debe inspirar temor alguno; al contrario, las bacterias y los virus son completamente naturales y proveen un servicio invaluable para los niveles más altos de la cadena alimenticia del océano; por ejemplo, degradando deshechos y reciclando nutrientes para que más adelante sean utilizados por los productores primarios (que en el Ártico son principalmente diatomeas: microorganismos que utilizan la luz del sol y otros nutrientes disueltos en el agua para crecer). Ahora bien, ocurre que estos procesos biológicos también tienen lugar durante gran parte del año dentro de las capas de hielo que cubren gran parte de las regiones polares (y cerca del 7% de la Tierra), pero se conoce mucho menos acerca del hielo que acerca del agua marina. Especialmente, se conoce muy poco acerca de la microbiología del hielo marino durante el invierno.

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[ Flores de escarcha formándose sobre hielo joven]


Hoy voy a ir al hielo junto con un pequeño grupo de investigadores interesados en la biología y la química del hielo marino (no te preocupes mamá, como siempre, nos acompaña un experimentado vigía de osos polares!). En esta época del año el sol nunca sale sobre el horizonte; sin embargo, tenemos un par de horas con la luz del crepúsculo para terminar nuestro trabajo. Para perforar el hielo usamos un extractor de núcleos de hielo y luego colectamos suficientes pedazos para hacer nuestros análisis. Hoy el espesor del hielo es de 60 centímetros, lo cual es bastante normal para esta área en esta época del año. En el primer núcleo medimos la temperatura del hielo y encontramos un gradiente que va desde -14 °C en la parte superior (cerca al aire) hasta -2 °C en la parte inferior (cerca al agua de mar). Esto también es normal puesto que el aire es mucho más frío que el agua marina (la temperatura del aire ha permanecido bastante estable alrededor de los -20 °C durante las últimas semanas). La razón por la cual la superficie del hielo no es tan fría como el aire es que existe una delgada capa de nieve (cerca de 3cm) sobre el hielo. La nieve es un excelente aislante –por esa razón las cuevas de nieve y los iglúes resultan tan buenos refugios cuando el clima es muy frío. Afortunadamente, el Hotel flotante Amundsen se mantiene cerca de nosotros para mantenernos calientes y bien alimentados, de manera que no tenemos que dormir afuera en el hielo. (De hecho, más adelante en la misión CFL algunos investigadores tendrán que dormir afuera en el hielo, en barracas aisladas, pero eso no será sino hasta el próximo año).

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[Trevor, de Sachs Harbor, volvió como nuestro guía de fauna y flora para la etapa 4B!]


En las aguas del Ártico los microbios que se encuentran en el agua marina (es decir, seres vivos que sólo puedes ver a través de un microscopio, tales como bacteria, archaea, virus, diatomeas, ciliados, etc.) quedan atrapados en el creciente hielo marino; empezando en el otoño y continuando a través del invierno. A medida que el agua se congela, las sales del mar y otras impurezas son desplazadas de los cristales de hielo en crecimiento para ser concentradas en pequeños 'bolsillos' dentro del hielo. Dado que el agua en estos bolsillos (llamada salmuera) es muy salada (hasta 7 veces más salada que el agua marina!) ésta permanece sin congelarse incluso a temperaturas muy bajas, y se ha observado que la mayoría de los microbios residen dentro de estos “canales de salmuera”. Uno de los misterios que estudiamos en nuestro grupo es cómo las bacterias logran sobrevivir las temperaturas por debajo del punto de congelación al igual que el agua extremadamente salina, puesto que sabemos que, efectivamente, muchas de ellas sobreviven. La naturaleza ha sido lo bastante lista para que en los animales marinos evolucionaran adaptaciones como la grasa y el pelaje, y los humanos han sido lo bastante inteligentes para aprovechar estos inventos e igualmente crear algunos nuevos de su propia invención (como iglúes y trineos), pero cómo hacen las bacterias? Obviamente ellas no tienen cerebros y tampoco pueden tener pelaje abrigado, entonces qué clase de adaptaciones evolucionaron para que ellas pudieran sobrevivir en estas condiciones extremas?

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[Equipo científico esencial para trabajar en el hielo. Los guantes no son tan buenos como el pelaje, pero es mejor con ellos que sin ellos!]


Afuera en el hielo, colecté un núcleo de hielo y lo corté en secciones con un serrucho de poda japonés esterilizado previamente. Para los huecos más profundos utilicé el (todavía por patentar) Aparato Extractor de Núcleos Collins (también conocido como “el agarra-hielos” o “las pinzas para sostener tarros de conserva”) para sacar el núcleo fuera del hoyo. Constantemente tenemos que inventar nuevos trucos y técnicas para poder llevar a cabo nuestro trabajo, por la simple razón que a las temperaturas de -20°C y por debajo, nada funciona como se supone que debe funcionar---o al menos eso es lo que parece! La cinta pegante no pega, el plástico se hace añicos, las pilas se descargan, un poco de humedad congela dos partes metálicas que no deben estar unidas, tus dedos de la mano se congelan, tus dedos del pie se congelan, incluso tus mocos se congelan (y por supuesto, existe un nombre para este fenómeno, se llama carámbanos-de-moco). Después de cortar las secciones de hielo y colocarlas en bolsas estériles para llevar conmigo al barco, utilicé una botella Niskin para colectar un poco de agua justo por debajo del casquete de hielo, de forma que más adelante podré comparar el hielo con el agua marina de la cuál se originó. De regreso en el laboratorio (luego de calentarme con una taza de chocolate caliente y tal vez un pequeño bocadillo...) piqué el hielo, lo derretí y recolecté muestras del agua para un conjunto de análisis químicos y microbiológicos.

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[Tiempo para un bocadillo!]


Hemos aprendido algunos secretos para sobrevivir en el frío estudiando las bacterias en el laboratorio. Por ejemplo, sabemos que los microbios adaptados al frío pueden cambiar el tipo de ácidos grasos que forman la envoltura celular, para evitar que sus membranas se solidifiquen. También pueden producir sustancias químicas llamadas “solutos compatibles” que pueden contrarrestar los efectos de la sal. Han evolucionado para usar diferencialmente ciertos amino ácidos en sus proteínas para que funcionen mejor a bajas temperaturas. Producen una goma azucarada y pegajosa llamada “EPS” (por la sigla en inglés para extracellular polymeric substances, sustancias poliméricas extracelulares”), para rodearse con un suave cojín que las proteje de ser aplastadas o agujereadas por los cristales de hielo en crecimiento. Todas estas cosas están “incorporadas”, por decirlo de algún modo: los microbios llegan al hielo con una caja de herramientas genéticas que les permiten ocuparse de todas estas fuentes de estrés. Pero qué pasa si estas herramientas no son suficientemente buenas? Y de dónde sacaron estas herramientas en primer lugar? (Pueden estar seguros que esas herramientas no se consiguen en el almacén de la esquina).

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[Trabajando en el hielo alrededor de la 1pm, la hora de máxima luz diurna.]


Después que el hielo se derretide hago varias cosas con él, al igual que con el agua marina. Primero, tomo una pequeña cantidad y preservo las células con formaldehído. Eso las mata, así que no se pueden reproducir, y a la vez preserva su forma, de manera que más adelante las puedo contar en el microscopio. A continuación filtro el agua a través de una variedad de filtros diferentes (que me llevaré de regreso a Seattle), para poder medir luego diferentes propiedades del hielo y el agua. Por ejemplo, voy a filtrar el agua en filtros de fibra de vidrio para medir la clorofila (como un indicador de los productores primarios que mencioné previamente), carbono orgánico particulado y nitrógeno orgánico particulado (que contienen nutrientes que podrían hacerse disponibles para los microbios), y materia particulada suspendida (por ejemplo los granos de sedimento, que son finca raíz de primera para los microbios y a la vez nos informan del origen del agua marina). Luego, voy a filtrar algo de agua para recoger EPS, el gel que mencioné más arriba. Finalmente voy a pasar el agua a través del filtro más pequeño, que colecta todas las bacterias de manera que más adelante se pueda analizar la diversidad de la comunidad bacteriana mediante secuenciamiento del ADN, por ejemplo. También voy a colectar el agua que pasa a través del último filtro y a partir de allí contar el número de virus y medir la cantidad de ADN disueltos en el agua.

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[Es el cielo nocturno a miles de millas de distancia del rascacielos más cercano? no, son virus del hielo marino!]


Hay ciertas formas mediante las cuales los microbios adquieren nuevas herramientas para manejar situaciones de estrés. Una de ellas es a través de pequeñas mutaciones aleatorias que se acumulan en su genoma a través de miles o millones de años, y cada una de ellas potencialmente le proporciona al microbio una pequeña pero significativa ventaja bajo una serie de condiciones. Esto es como construir una herramienta a partir de cero: ensayas de una forma, la cambias un poco, luego ensayas otra forma, perfeccionándola lentamente con cada versión. Ésta es probablemente la forma en que aparecieron las herramientas “lípidos de membrana” y “uso diferencial de aminoácidos”. Otra forma de adquirir una nueva herramienta es pedírsela prestada al vecino lo cual, en el mundo microbiano, se llama “transferencia génica lateral”. Por ejemplo, los virus pueden a veces equivocarse y transferir ADN (los planos para construir un ser vivo) de un microbio a otro; esto se llama 'transducción'. Otro método de transferencia génica lateral, la 'transformación', ocurre cuando un microbio toma ADN disuelto en el agua y lo incorpora en su propio genoma. Si alguna parte de ese ADN que ha sido transferido contiene genes útiles, por ejemplo aquellos que codifican la producción de un soluto compatible, entonces puede ser ventajoso para el destinatario. Eventualmente esa célula podrá superar a sus hermanas y tomar el control, o invadir un nuevo nicho. Al medir la abundancia de virus y ADN disuelto en el hielo, puedo empezar a entender mejor cómo los microbios del Ártico se han adaptado a los ambientes extremos con los que se enfrentan cada día--- al menos en los principios de este siglo.

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[Estamos todos poniendo de nuestra parte? Es importante para todos nosotros considerar nuestro impacto, incluso a medida que lo estudiamos.]


La cantidad de hielo marino en el verano ha ido menguando durante las últimas décadas, pero en los años más recientes este patrón se ha acelerado. Sabemos tan poco acerca de las comunidades microbianas del Ártico que realmente no podemos predecir de qué manera van a reaccionar al calentamiento climático, pero no tengo duda que eventualmente se adaptarán, de alguna manera. La verdadera pregunta que ronda mi mente es: cómo haremos nosotros?

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[El helipuerto es el lugar ideal para ver las luces del norte.]


Ya está oscuro cuando camino de regreso al barco después de otro día exitoso de trabajo en el hielo. Las estrellas brillan y hay un leve murmullo de la Aurora Boreal, las luces del norte que ocasionalmente cobijan el cielo con un brillo de resplandor trémulo y diáfano. Levanto la vista y me fijo en una estrella brillante... no, un momento... ese es Marte! Pienso en el hecho que la superficie de Marte también es fría, mucho más fría de lo que estaba hoy el Ártico. Y es que así son la mayoría de sitios en nuestro sistema solar: el hielo es el estado natural del agua en la vasta mayoría de nuestro vasto universo. Camino más adelante, todavía mirando al cielo. La nieve cruje bajo mis botas. Me imagino a mi mismo como un astronauta, explorando un planeta helado lejos de la Tierra, buscando formas de vida y sabiendo que si existe, probablemente vive en algún lugar dentro del hielo centelleante bajo mis piés.

Mis mejores deseos,
Eric

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[Todas las fotos por Eric Collins]

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